La cuchilla, impiadosa, caía una y otra vez.
La cebolla, rendida, exhalaba su aliento.
Una lágrima llegó a su boca,
y luego otra. Y otra. Y muchas más.

Buscó aire fresco, pero no.
Más, más y más fueron llegando.

Demasiada sal -pensó-

Demasiada sal.
Es más fácil corregir la falta de azúcar
Es más sano ponerle pimienta.
Es intolerable que sea insípido.